jueves, 23 de mayo de 2013

LAS MENTIRAS SOBRE EL ALUMNADO


(Por Miguel Andrés Castaño
escritor docente).

Siempre he dicho que a la juventud se la critica como se hace con los árbitros en el fútbol, por costumbre. Ya hace más de dos mil años los sabios decían que los jóvenes destruirían el mundo, y mira dónde hemos llegado. 
 
Una de esas mentiras que tanto se venden en los medios de comunicación es que los adolescentes solo se preocupan por emborracharse y por jugar con el móvil y que la lectura ya ha desaparecido de sus aficiones. Si he de ser sincero, esa mentira yo me también la creí.

(Fuente imagen: http://www.banrepcultural.org/evento/club-de-lectura-para-j-venes-26)


Pero estos días he estado participando en un programa que se llama “escritores docentes” y he elaborado una encuesta que le he pasado a todo el alumnado con el que iba a hablar. Una de las preguntas de esa encuesta era ¿Cuántos libros has leído durante el último año sin que te obliguen?
 
Yo esperaba (quizá sería más adecuado decir “creía” para no jugar con falsos sinónimos)… bueno, continúo con mi discurso: yo esperaba descubrir el porcentaje de adolescentes que leían, buscando a ese veinte o treinta por ciento que todavía se veía seducido por la literatura. Pero me llevé una sorpresa, la mayor parte de los/as alumnos/as a los/as que les pasé esa pregunta respondieron algo diferente del triste cero. Y, lo que es más interesante, un porcentaje notable me dijo que había leído más de diez libros en los últimos doce meses. 
 
Había sido una sorpresa para mí, ya que la tele (ese dios de los idiotas) decía lo contrario. Revisé entonces otra de las preguntas: ¿Cuál es tu libro favorito? y me encontré títulos muy interesantes y de alta calidad literaria. Aunque la encuesta se la pasé a un alumnado de distintas localidades y de diferentes edades, de distintos centros escolares y de diferente formación previa, ¡los porcentajes eran los mismos! 
 
Así he llegado a la siguiente conclusión: los jóvenes sí leen, leen libros interesantes y, por lo tanto, no son un agujero negro de la cultura, tal como cuentan los tertulianos de talonario y gomina que hablan en los programas del prime time, pontificando como si la verdad fuera tan suya como el Big Ben es propiedad de Londres. 
 
Charlando con ellos he visto que su interés por la literatura es tan alto como el de los jóvenes de mi propia generación. Así que debo decir que no peligra esa cadena que llega desde el primer tipo que pintó en una cueva para expresar su arte hasta la generación actual (que de nini no tiene más que un pequeño porcentaje); esa cadena que transmite la cultura tiene un eslabón fuerte que permitirá que los libros no sean considerados mera decoración y que escribirá tan bien o mejor que las anteriores.

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